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Una cuestión de “equilibrio”

Una cuestión de “equilibrio”

La expedición punitiva del ejército israelí en Gaza reactivó una de las aspiraciones más espontáneas del periodismo moderno: el derecho a la pereza. En términos más profesionales, a eso se le dice “equilibrio”. Así, el canal de televisión estadounidense de extrema derecha Fox News se autocalifica, no sin humor, de “justo y equilibrado” (“fair and balanced”).

En el caso del conflicto en Medio Oriente, donde los fallos no están distribuidos de manera equitativa, el equilibrio equivale a concederle una ventaja a la potencia ocupante. Para la mayoría de los periodistas occidentales, es también una manera de protegerse del fanatismo de los destinatarios de una información que les podría disgustar dándoles enseguida la palabra a quienes estarían viniendo a tranquilizarlos. Además de que no se observa esa misma preocupación en el caso de otras crisis internacionales, la de Ucrania por ejemplo, el verdadero equilibrio sufre al menos por dos razones. En principio porque, entre las imágenes de una carnicería prolongada en Gaza y las de un alerta de lanzamiento de misiles a una playa de Tel Aviv, un buen balance debería inclinarse un poco… Luego porque ciertos protagonistas, israelíes en este caso en particular, disponen de comunicadores profesionales –entre los que se cuenta su primer ministro, que parecería formateado para la televisión estadounidense–, mientras que otros sólo les pueden ofrecer a los medios occidentales el calvario de sus civiles.

Pero inspirar lástima no constituye un arma política muy eficaz; es mejor controlar el relato de los acontecimientos. Desde hace décadas, se nos dice así que Israel “responde” o “replica”. Este pequeño Estado pacífico, mal protegido, sin un aliado poderoso, consigue sin embargo salir siempre vencedor, a veces sin ni siquiera un rasguño… Para que se pueda cumplir semejante milagro, es necesario que cada enfrentamiento se inicie en el momento exacto en el que Israel se exhibe como víctima estupefacta de la maldad que la oprime (un secuestro, un atentado, una agresión, un asesinato). Es en este terreno bien señalizado que después se despliega la doctrina del “equilibrio”. Unos se indignarán del lanzamiento de misiles contra civiles; otros les objetarán que la “respuesta” israelí causó muchas más muertes. Un crimen de guerra parejo, un empate, en resumidas cuentas.

Y es así como nos olvidamos de lo demás, es decir, lo esencial: la ocupación militar de Cisjordania, el bloqueo económico a Gaza, la colonización creciente de tierras. Porque el flujo continuo de información parece no tener nunca el tiempo como para indagar en este tipo de detalles. ¿Cuántos de sus más fieles consumidores saben, por ejemplo, que entre la Guerra de los Seis Días y la de Irak, es decir, entre 1967 y 2003, más de un tercio de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue transgredido por un solo Estado, Israel, y que con frecuencia estas resoluciones concernían a… la colonización de los territorios palestinos*? De más está decir que un simple alto el fuego en Gaza equivaldría a perpetuar una violación reconocida del derecho internacional.

Ya no podemos contar con París para que lo recuerde. Con la declaración, el 9 de julio, sin una palabra acerca de las decenas de víctimas civiles palestinas, en la que dijo que le correspondía al gobierno israelí “tomar todas las medidas para proteger a su población de cara a las amenazas”, François Hollande abandonó en efecto cualquier apariencia de equilibrio. Se transformó en el pequeño telegrafista de la derecha israelí.

 

 

* Véase “‘Deux poids, deux mesures'”, Le Monde diplomatique, París, diciembre de 2002.

*Director de Le Monde diplomatique.

 

Traducción: Aldo Giacometti

 

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