Nicolás de la Hoz, sin título (Cortesía del autor)

Por: Libardo Sarmiento Anzola*

Nuevo gobierno, nuevos retos. Las bases del plan de gobierno de la coalición socio-política Pacto Histórico, en cabeza del Presidente Gustavo Petro (2022-2026), están integradas por cuatro dimensiones: i) consolidación de la paz total e integral; ii) cierre de las brechas sociales y garantía de los derechos humanos; iii) lucha contra el cambio climático, cambio de la matriz energética y reorientación del modelo de desarrollo hacia su crecimiento y sostenibilidad; iv) profundización de la democracia real mediante la construcción de un “Gran Acuerdo Nacional”.

Para el análisis del plan, abordamos la relación sistémica entre sociedad, desarrollo y poder, tomando como brújula del escrito esta última categoría por ser ella la determinante en las relaciones sociales y del potencial del cambio (Ver recuadro, El concepto).

Fotografía actual de la sociedad colombiana

El diagrama adjunto presenta un breve diagnóstico de nuestra sociedad, cuya población se multiplico 4,6 veces durante el período 1950-2022, pasando de 11,3 a 51,6 millones de personas. Si consideramos a toda la población de Colombia como un país de sólo cien personas, este registra las  características y tendencias ahí descritas.

1.      Las mujeres representan el 51,2 por ciento del total poblacional y los hombres el 48,8.

2.      La sociedad se encuentra en proceso de envejecimiento. El descenso de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida contribuyen a la disminución de la proporción de los menores de 12 años, adolescentes y jóvenes en el total poblacional. Durante el período 1985-2020 los menores de 12 años pasan de representar en la estructura demográfica del país el 28,9 por ciento al 18,7; la participación relativa de los adolescentes y jóvenes se reduce progresivamente de 34,8 por ciento a 28,3; Los mayores de 28 años pasaron de 36,3 en 1985 a 52,9 en 2020.

3.      La pertenencia étnica se establece por autorreconocimiento. Cada persona de manera libre y por sí misma se identifica como perteneciente a un grupo étnico. La mayor proporción de la población colombiana se reconoce de manera subjetiva como mestiza (producto de la mezcla de diferentes etnias): 53,2 por ciento respecto al total del país. Los demás habitantes se consideran blancos (32,9%), afrocolombianos (9,4%), indígenas (4,4%) y Rrom o gitanos (0,006%).

4.      Entre los años 1950-70 hubo un punto de quiebre en la distribución urbano-rural de la población. En 2022, el 16,3 por ciento de las personas vive en Bogotá, Distrito Capital. En las cabeceras municipales y demás ciudades capitales, sin incluir Bogotá, habita el 61,0 por ciento de connacionales. En el mundo rural se encuentra el 22,7 por ciento de connacionales: 7,1 por ciento en los centros poblados y 15,6 en las zonas rurales dispersas. En los municipios Pdet (Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial) pertenecientes a 16 subregiones que cubren 170 municipios, priorizados por ser los territorios más afectados por el conflicto armado, con altos índices de pobreza, presencia de economías ilícitas y debilidad institucional, habita el 12,8 por ciento de la población.

5.      51,6 millones de hombres y mujeres habitan el territorio nacional. En promedio, la población registra un nivel de productividad bajo debido, en parte, a su escaso capital humano, a la subutilización de la fuerza laboral y a la inadecuada relación entre el equipamiento de capital y la dimensión de su población trabajadora. La educación de las personas es muy importante; cuando éstas cuentan con más educación y mayor calidad y pertinencia suelen ser más productivas, factor que diferencia a un país desarrollado de uno como Colombia. Únicamente un poco más de la quinta parte de los jefes de hogar tiene  educación universitaria (el grado alcanzado por los jefes condiciona el clima educativo del hogar).

6.      La baja productividad, la informalidad y el desempleo unido a la alta inequidad distributiva se expresan en bajos e insuficientes ingresos. El 40 por ciento de la población sobrevive bajo condiciones de pobreza.

7.      En concordancia con la distribución del ingreso de los hogares puede sintetizarse la estructura social. El crecimiento económico por sí solo no mejora la distribución del ingreso, incluso puede profundizar las desigualdades. Colombia es uno de los países con mayor desigualdad en el mundo. La concentración de la riqueza en unas cuantas manos y el aumento de las influencias políticas de los más ricos perfila la democracia formal (elegir/ser elegido) que prevalece en el país e incrementa el descontento social. Es así como apenas un 2,7 por ciento de los hogares o un 1,6 de las personas clasifican como clase alta, con una participación de 15,0 por ciento en el total de ingresos. El 70 por ciento de la población transcurre la existencia bajo condiciones de vulnerabilidad o pobreza y obtiene apenas una tercera parte del ingreso total de los hogares. La mayoría de su población carece de propiedad o si la tiene es de ínfimo valor; también sus ingresos son escasos. De acuerdo con la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian), en 2022 se estima que sólo 4,5 millones de personas (11,5% de la población mayor de 18 años) están obligados a presentar la declaración del impuesto de renta y complementarios para personas naturales al registrar las siguientes condiciones: poseer un patrimonio bruto superior a $163,4 millones, o al haber devengado ingresos brutos anuales superiores a $50,3 millones, o también realizado compras y consumos totales superiores a ese mismo monto, o consignaciones bancarias, depósitos o inversiones financieras por ese valor total acumulado, durante 2021.

8.      Colombia pierde los beneficios del Bono demográfico (BD), a causa de los cambios en la tasa de dependencia demográfica [BD=f (ΔTDD)]. El BD hace referencia al periodo durante la transición demográfica en que la proporción de personas en edades de trabajar –PET (potencialmente productivas)– crece en relación con la proporción de aquellas en edades potencialmente dependientes (PD); en consecuencia, TDD=población menor de 15+mayor de 59 años/población entre 15 y 59 años. Durante este proceso se diferencian tres fases del BD que en conjunto delinean una “U”: bono 1: período en que la relación de dependencia es decreciente; bono 2: período en que la relación de dependencia alcanza el mínimo o punto de inflexión; bono 3: período en que la relación de dependencia es creciente desde el valor mínimo alcanzado hasta llegar a un máximo valor. La primera fase del bono se dio aproximadamente entre 1965 y 1997; la fase dos ocurrió entre 1998 y 2018; la tercera fase transcurre entre 2019 y 2039.

9.      Tomando el total de población como el 100 por ciento, actualmente, el 51,9 por ciento se encuentra en edad de no trabajar y por fuera de la fuerza de trabajo; adicionalmente otro 5,4 por ciento del total permanece en situación de desocupación o desempleo; el 17,8 por ciento cuenta con empleo formal y otro 24,9 labora en situaciones inestables y precarias de informalidad o “rebusque”. Una problemática preocupante es el alto número de adolescentes y jóvenes (12 a 28 años de edad) que no cursan estudios ni trabajan (Ninis), suman 2,9 millones y representan una quinta parte al interior de este grupo etario.

Círculos del poder y gobernabilidad

La gobernabilidad debe ser entendida como un estado de equilibrio dinámico entre el nivel de las demandas societales y la capacidad del sistema político (estado/gobierno) para responderlas de manera legítima, democrática y eficaz. Sus grados y niveles involucran una serie de “acuerdos” básicos y negociaciones entre las élites dirigentes, los grupos de poder y la diversidad de “agentes  estratégicos”.

Tras ese propósito, el Pacto Histórico cuenta con un amplio margen de gobernabilidad para gerenciar y consensuar el cambio demandado por la sociedad, tanto en el Congreso como con el sector empresarial y la sociedad civil. Los pasos iniciales en pro de hacerla realidad le brindan espacio a la administración 2022-2026 para que despegue sin la oposición abierta de todas las fuerzas del poder, pero la manera como la han construido envía un mensaje a la sociedad de continuidad del “statu quo”, el clientelismo y de la corrupción que genera escepticismo y le quita brío a segmentos de los movimientos sociales que anhelan cambios efectivos inmediatos en todos los planos.

Un “Gran Acuerdo Nacional” al que no concurrieron, por declararse en oposición, los sectores de la extrema derecha y la lumpenoligarquía agrupados bajo las etiquetas de Centro Democrático, Partido Conservador, Cambio Radical y movimientos políticos de las iglesias cristianas, que sumados controlan una tercera parte del Congreso. Además, confrontando e intentado detener los cambios deseados y necesitados por las amplias mayorías de la ciudadanía colombiana se encuentran los poderes del gran capital financiero (industria y banca) y comercial, medios masivos de comunicación al servicio de la oligarquía, latifundistas ganaderos, organizaciones criminales y grupos armados ilegales, además de las diversas expresiones regionales del paramilitarismo y el narcotráfico. Y como los extremos se tocan, la concertación nacional enfrenta también las diversas fuerzas beligerantes de la insurgencia (ver, los círculos del poder).

Círculos de poder

El concepto

El poder. El matemático y filósofo británico Bertrand Russell (1872-1970) consideró que el concepto fundamental de las ciencias humanas es el poder. Esta noción constituye el núcleo de la dialéctica que se expresa en las relaciones sociales, plasmado, a la vez, en la unidad dinámica entre los fenómenos de violencia, fuerza, opresión, explotación, manipulación y barbarie, de una parte, y humanización, reconocimiento, consenso, inclusión, participación, dignidad y empatía, de otra. El poder, a la vez, depende de la condición humana, la conciencia y el conocimiento alcanzado, los valores sociales, la historia y el estilo de desarrollo de cada comunidad concreta.

El poder como fenómeno social no está referido únicamente a los ámbitos político, económico y militar; es, en primer lugar, una realidad cultural, y con esta en la conciencia y manera como vive una determinada sociedad y se relacionan sus ciudadanos entre sí y con la naturaleza. Es así como el poder manifiesta las diferentes cosmovisiones e intereses de la sociedad, valores, conflictos, antagonismos y luchas de clases, étnicas, etarias y de género, la naturaleza de sus instituciones y los sentidos y significados que la orientan, animan y desarrollan en el espacio-tiempo.

El poder es una cualidad propia de las relaciones sociales y se define como la capacidad de los agentes o grupos sociales para llevar a cabo los proyectos planeados y producir los efectos deseados en su entorno de influencia; por esta razón, un recurso importante del poder es la legitimidad en el plano cultural. El poder reside en los centros de control y no en los subsistemas subordinados o sometidos. No obstante, como lo redactó Newton, a toda acción le corresponde una reacción igual pero de sentido contrario; el poder genera su contrapoder, la legitimidad de un centro de poder es contestada por otros de manera bien sea democrática o violenta.

En las ciencias sociales el concepto de poder es homologo a los conceptos de energía o dinero, esto es, la capacidad de realizar un movimiento, cambio o transformación dentro de un sistema físico, orgánico, psicológico, social, político, cultural o económico. La identificación del poder como fuerza sociomotriz (la capacidad de hacer que funcione el sistema sociopolítico, cultural y económico) lo caracteriza por su naturaleza ubicua y por ser difícilmente observable en su totalidad, a no ser en sus manifestaciones particulares.

Al igual que la energía y el dinero, el poder es un constructo hipotético cuya existencia compleja se postula para explicar de forma unitaria una serie de fenómenos, las tasas de poder social de la que goza cada clase o grupo, sus relaciones y la transformación de unos en otros. Para la ciencia, las definiciones de los conceptos no plantean cuestiones de verdad, sino sólo de utilidad, funcionalidad y operatividad. El problema de la medición del poder es, por tanto, esencialmente la búsqueda de indicadores de su distribución, que para el caso de este artículo, los más prometedores parecen ser los principios de la doctrina política, los valores, recursos y objetivos que animan el plan de gobierno del Pacto Histórico.

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Esta es la primera parte del artículo “Colombia: sociedad, poder y desarrollo 2022-2026. Luciérnagas neodesarrollistas”. Apoye el periodismo independiente. Suscríbase a Le Monde Diplomatique. Edición Colombia. El Dipló, una voz clara en medio del ruido.

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