Al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre F.G.L. Recorrí Granada y subí al Albaicín donde escuché atardecidos pájaros cantando entre hermosas hojas ocres, rojas y naranjas en un otoño lleno aún de los últimos latidos del verano; pájaros trinando en callejuelas desiertas donde un despistado cante jondo aún sobrevive. Las horas...
Edición Nº270 (en línea)
El delirante, el guapo, el fanfarrón
Chile bajo un “escudo protector”
La estupidez contemporánea
Estulticia y poder
Comportamientos escatológicos en el mundo contemporáneo
¿El punitivismo penal y las megacárceles solucionan el problema de la violencia y el crimen organizado en Ecuador?
La paciencia del imperialismo chino
Cortina de hierro entre Argelia y Marruecos
Economía de guerra
La reconversión bélica alemana
El regreso del reprimido
El Estado de Judea contra Israel
Alerta roja para los opositores
Conversaciones con máquinas
Un asombro mistraliano
El Pacífico lucha por la justicia climática
El vaso medio vacío del vino francés
Bailando junto a las bombas
Home
Federico García Lorca


